La voluntad indomable de cada Hombre está en permanente conflicto con esa necesidad instintiva que lo obliga a vivir junto con otros. En cualquier comunidad humana pasada o presente, nunca falta quien pretende convencer a los demás para que hagan lo que él quiere que hagan. Cuando no puede convencer, trata de negociar y cuando no logra un acuerdo trata de presionar. Y recibe las exigencias de otros como él. En mayor o menor grado, cada grupo de Hombres juntos es un pequeño infierno.
Este conflicto nunca se pudo resolver con una solución perfecta. Cada vez que se encontró una alternativa medianamente adecuada fue temporal. A lo largo de miles de años, las Comunidades más o menos exitosas para los Hombres que las componían fueron muy pocas, y lo mismo ocurre en la actualidad.
Si fueran capaces de vivir solos, ante una compañía desagradable los Hombres se irían cada cual por su lado. Pero esto no ocurre así. A lo sumo, cada uno podrá seleccionar con mayor o menor suerte al grupo que lo rodea. Pero el Hombre, aunque odie a todos los demás que están cerca, igual los necesita. Por eso es tan intolerante con las ideas, opiniones y actos de sus semejantes. Cuando mayor es el miedo que le produce otro ser humano por su manera de ser diferente, mayor es la furia con que trata de atacarlo. Toda la evolución de la humanidad es una guerra permanentemente renovada donde algunos Hombres están tratando de imponerse sobre otros.
La vida del ser humano es una lucha interminable con los demás y consigo mismo, porque vivir junto a otros cuesta un precio justo que cada uno tiene que aprender a pagar.
Las abejas también tienen el instinto de vivir en Comunidad, pero no les produce ningún conflicto porque poseen el instinto de formar colmenas. En cambio, la naturaleza humana no determina ningún modelo específico para formar las Comunidades. Por el contrario, cada ser humano individual tiene la voluntad de querer organizarla a su manera, sea compatible o no con la opinión de los demás.
No existe ninguna Comunidad de Hombres sin rebeldes o inconformes. Por eso las abejas siguen haciendo colmenas y los Hombres ya no viven en cavernas. Pero esta evolución de la Humanidad tuvo un alto costo de sangre y dolor.
Cuando el número de inconformes aumenta demasiado, la Comunidad entera cae en una crisis que también afecta a los conformes y se desencadena algún cambio. Si la evolución de las Comunidades no se produce naturalmente y con relativa facilidad, se acumula una presión creciente que tiene similares efectos a los que en las fallas de la corteza terrestre producen los terremotos. Como signo de nuestro tiempo, es posible observar a muchísimas Comunidades de toda clase donde sus integrantes están sufriendo una rápida transformación, mientras conservan una organización estática e indiferente a estos movimientos de opinión, lo que hace parecer al mundo un volcán a punto de estallar.
La Especie Humana no se ha extinguido por autodestrucción porque durante su corta vida cada persona decide muy pocas veces por sí misma y sobre temas importantes. El Hombre siempre puede, pero no siempre quiere. Las decisiones no rutinarias son producto de un enorme esfuerzo espiritual y psicológico o bien hacen sentir el peso de la responsabilidad por la libre opción. Esto explica por qué una persona puede sentir un gran alivio cuando acepta algo decidido por otra, o la facilidad con que cree que tiene una sola opción. Cualquier observador que preste atención a este hecho, pude comprobar con que naturalidad los seres humanos están cediendo constantemente sus decisiones por respeto, por educación, por sentido del deber, por amor, por miedo o porque sí.
| Una concentración de decisiones cedidas por seres humanos forma un Poder |
Algo o alguien tiene un Poder, cuando puede tomar decisiones y existe una Comunidad de Hombres que acepta lo decidido. El Poder resultante de las decisiones colectivas es mucho mayor que la suma de los Poderes de las decisiones individuales cedidas. Un obrero puede decidir que faltará a su trabajo cualquier día que se le ocurra. Si un obrero distinto falta cada día, el mismo problema se estará sumando constantemente. Pero si todos los trabajadores deciden no ir a trabajar el mismo día, entonces causan un problema enorme. Éste es el efecto multiplicador de las decisiones tomadas en conjunto.
Normalmente los seres humanos forman Comunidades Económicas, Gremiales, Religiosas, etc. cuando ceden el paquete de decisiones sobre estos temas específicos. Para concentrarlos en un Poder Económico, Gremial, Religioso, etcétera.
Las decisiones siempre se ceden al Poder con el ánimo de aceptar lo decidido. Pero nunca se regalan permanentemente. El ser humano tiene la propiedad irrenunciable de sus propias decisiones. La decisión de ceder una decisión, también es temporal.
Cuando se considera como permanente y eterno a cualquier Poder de una Comunidad de Hombres, se cometerá un error a la larga o a la corta. Esos Poderes seguirán siendo Poderes mientras sus Comunidades acepten las decisiones colectivas, ya sea por presión, por conveniencia o por convencimiento. Pero en el mismo momento en que la mayoría de los integrantes de una Comunidad desconocen la decisión colectiva, el Poder se desvanece. Solo existen Poderes más estables y menos estables.
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