La Decisión

Instintivamente, cada ser humano sabe que tiene una libertad interna absoluta para decidir sobre todo lo que le plantea la realidad circundante. Sus semejantes pueden obligarlo a actuar y a expresarse de determinada manera, pero nadie puede conocer ni controlar sus pensamientos. Si la información fluye libremente hacia él y si le permiten hacer de acuerdo a sus propias convicciones, entonces no solamente será libre, sino que se comportará como un ser libre.

La capacidad de tomar decisiones voluntariamente es una característica esencial del ser humano

El Hombre es capaz de distinguir la diferencia entre el bien y el mal con toda la libertad de escoger voluntariamente, sin que nada ni nadie se lo pueda impedir. Pero es un esclavo de su libertad de decidir. Continuamente se le están presentando diferentes opciones, y no puede negarse a escoger. Pedir un consejo, no hacer nada, dejar que otro decida por él y hasta revolear una moneda no lo liberan de su responsabilidad en la elección final.

Sin querer reconocer la libertad de decidir de sus semejantes, desde que el Hombre es Hombre, algunos tratan tercamente de quebrar y dominar la voluntad de otros. En esos intentos inútiles frecuentemente se ha confundido la simple posibilidad de influir en algunas decisiones del Hombre, con el dominio real de su voluntad.

Un grupo de decisiones voluntarias del ser humano pueden ser dirigidas con buenos resultados a través de la presión, del acuerdo o de la información.

La presión puede forzar a un ser humano para que tome una determinada decisión que no desea. La frase más popular para explicar este hecho es que decide “contra su voluntad”. Esto es un error. En realidad tiene la voluntad de ceder temporariamente. Para que la presión sea efectiva, debe ser continua y permanente. En cuanto se debilita o desaparece, la decisión cambia.

El acuerdo se produce cuando dos o más seres humanos toman decisiones compatibles con el fin de lograr algún propósito. Cuando una de las partes cambia lo decidido, la otra puede hacer lo mismo.

La información llega a la propia voluntad del individuo en forma de ayuda para su decisión. Esta influencia fracasa cuando la información no convence.

A las personas que son capaces de influir en las decisiones de sus semejantes se las puede clasificar entre déspotas que obligan, negociadores que acuerdan y líderes que convencen. Pero no hay dioses humanos que doblegan a la voluntad de sus semejantes.

Independientemente de la cantidad y calidad de las influencias externas que recibe cualquier ser humano, siempre conserva la capacidad de decidir voluntariamente. Hasta sin motivo aparente, en cualquier momento se rebela a la presión efectiva, viola el acuerdo conveniente o rechaza la buena información.

El hecho de que la decisión sea absolutamente libre y voluntaria, no garantiza que también sea acertada.

Cada Hombre, en cualquier momento puede dejar de hacer lo que hacía y realizar algo totalmente opuesto. Estos cambios pueden ser una genialidad o una locura, pero no se pueden impedir. Ninguna certeza de un perjuicio futuro, incluyendo la autodestrucción, es capaz de garantizar un bloqueo completo y permanente de la voluntad del ser humano.

Aun cuando hubieran mantenido sus decisiones por muchísimo tiempo, los Hombres están cambiando constantemente de opinión, ideas y simpatías. Solo es posible afirmar que algunas decisiones son más estables que otras.

Un grupo de personas, ante un mismo estimulo pueden generar un abanico de decisiones diferentes y hasta opuestas unas con otras. Aplicando sucesivamente una serie de condiciones idénticas a dos seres humanos distintos, por compatibles que éstos sean, no siempre van a provocar en ellos las mismas decisiones.

El estilo de análisis de la información en cada ser humano es una característica individual, única y diferente como lo son sus impresiones digitales.

A lo largo de toda su vida, cada persona está evolucionando, no solamente en sus decisiones, sino además en su estilo de decidir. En cada éxito y en cada fracaso tiene la posibilidad de mejorar la calidad de sus decisiones para conseguir mejores resultados. Este podría ser un camino lento, pero seguro hacia su perfección. Pero no siempre lo es porque a veces no sabe distinguir entre un éxito y un fracaso o bien decide mal a propósito.

Curiosamente, el Hombre toma muy pocas decisiones propias a lo largo de toda su vida que transcurre en un obedecer decisiones de jefes, conyugues, amigos, autoridades, reglamentos, reglas de urbanidad, contratos, silbatos y luces de tráfico. El ser humano es capaz de endosar sus decisiones como si fueran un vulgar cheque. Pero aunque le pese, nunca podrá transferir la responsabilidad de lo decidido.

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